
De tu hombro a mi mano hay media distancia que se dobla cuando tu párpado despierta y decides desaparecer. Entonces te esfumas y crees haberte marchado, de hecho lo haces, pero no te vas; Nos vamos...
Crees ir solo pero yo sigo ahí, recorriendo cada milímetro de tu esencia, Cada pedacito de tu cuerpo comprendido entre mi mano y tu hombro, entre tu párpado y el mió. Entonces desapareces. Tratas de huir del mundo de las ideas y hospedarte en el universo de los sueños dónde los insectos nunca duermen y no cesan en su hormigueo. Entonces duermes. Pero yo no lo hago.
Mis pensamientos y sentimientos, nunca duermen. Y ahí, en medio de semejante y tremebundo paisaje humano me quedo yo: sin saber a donde ir. Pero no me importa, con ello me basta, con la nada de tu aroma. Las agujas no paran, los minuteros no se cansan y yo sigo ahí observando telarañas. Por mimetismo y tras surcar las texturas del camino cuya distancia se dobla cuando tu párpado despierta, llego allí dónde quería. No me ves pero ahí estoy, susurrando sin que me oigas: Dónde penden artesanales esferas metálicas de tamaños dispares. Y me columpio por ellas una y otra vez, pero no te jactas, porque sigues en el mundo de los sueños dónde los sentimientos jamás cesan en su movimiento.
Decido salir y siento el viento acariciar mi piel, El Viento es pragmático y directo, capaz de doblegar acero, da miedo cuando viene, e irrumpe sin avisar, pero yo ya lo esperaba y me dejo llevar, con miedo y confianza a la vez porque creo en la estética de la resistencia, en la belleza de lo utópico, en la utopía de lo bello.
Quise dejar a un lado mis sueños pero descubrí que Sin sueños no hay ideas, sin ideas no hay acciones, y sin estas los cambios no llegan.
Ahora me quedo en el dicho, a kilómetros del hecho, porque El Viento bien se haya dónde está: Junto a la excepción, que eres tú y confirmas la regla, porque tu nombre no me pertenece. No es dislexia.El querer poder y el no poder querer. Quiero pero no puedo y no puedo porque no quiero. Defino como confusa esta historia, pero tan real como tu recuerdo tocándome la piel, haciéndome sentir mujer, con una sonrisa dibujada en el rostro…Aunque las palabras te las lleves Tú, yo sigo siendo una niña y me aferro a mis tontos sentimientos y no los suelto. Cosquilleos afásicos con los que vuelvo a pensar que los días fueron Bellamente utópicos e utópicamente bellos.
Como la estética de la resistencia.
Crees ir solo pero yo sigo ahí, recorriendo cada milímetro de tu esencia, Cada pedacito de tu cuerpo comprendido entre mi mano y tu hombro, entre tu párpado y el mió. Entonces desapareces. Tratas de huir del mundo de las ideas y hospedarte en el universo de los sueños dónde los insectos nunca duermen y no cesan en su hormigueo. Entonces duermes. Pero yo no lo hago.
Mis pensamientos y sentimientos, nunca duermen. Y ahí, en medio de semejante y tremebundo paisaje humano me quedo yo: sin saber a donde ir. Pero no me importa, con ello me basta, con la nada de tu aroma. Las agujas no paran, los minuteros no se cansan y yo sigo ahí observando telarañas. Por mimetismo y tras surcar las texturas del camino cuya distancia se dobla cuando tu párpado despierta, llego allí dónde quería. No me ves pero ahí estoy, susurrando sin que me oigas: Dónde penden artesanales esferas metálicas de tamaños dispares. Y me columpio por ellas una y otra vez, pero no te jactas, porque sigues en el mundo de los sueños dónde los sentimientos jamás cesan en su movimiento.
Decido salir y siento el viento acariciar mi piel, El Viento es pragmático y directo, capaz de doblegar acero, da miedo cuando viene, e irrumpe sin avisar, pero yo ya lo esperaba y me dejo llevar, con miedo y confianza a la vez porque creo en la estética de la resistencia, en la belleza de lo utópico, en la utopía de lo bello.
Quise dejar a un lado mis sueños pero descubrí que Sin sueños no hay ideas, sin ideas no hay acciones, y sin estas los cambios no llegan.
Ahora me quedo en el dicho, a kilómetros del hecho, porque El Viento bien se haya dónde está: Junto a la excepción, que eres tú y confirmas la regla, porque tu nombre no me pertenece. No es dislexia.El querer poder y el no poder querer. Quiero pero no puedo y no puedo porque no quiero. Defino como confusa esta historia, pero tan real como tu recuerdo tocándome la piel, haciéndome sentir mujer, con una sonrisa dibujada en el rostro…Aunque las palabras te las lleves Tú, yo sigo siendo una niña y me aferro a mis tontos sentimientos y no los suelto. Cosquilleos afásicos con los que vuelvo a pensar que los días fueron Bellamente utópicos e utópicamente bellos.
Como la estética de la resistencia.
.ferat.

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