
“El recto modo de abordar las cuestiones amorosas: empezar por las cosas bellas de este mundo, teniendo como fin la belleza en su conjunto, y, valiéndose de éstas como de escalas, ir ascendiendo constantemente, yendo de un cuerpo bello a dos, y de dos a todos los cuerpos bellos, y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de ellas a las bellas ciencias, y partiendo de éstas, hasta la ciencia de la belleza absoluta, y llegar a conocer por último lo que es la Belleza propiamente en sí. Éste es el momento en que realmente adquiere valor la vida de un hombre: cuando contempla la Belleza en sí”.

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